Una pequeña historia sobre soldados futuristas.
Pequeño concurso: consideraremos friki en potencia a quien, sin
tener pajolera idea del mundillo, descubra al trasfondo de qué
juego pertenecen estos personajes. ;-)
Nueve Fantasmas
- ¡Coronel! ¡Señor!
El Coronel Amilcar Denz se
volvió para buscar a quien le llamaba. Un guardia con bastantes
más armas de lo reglamentario y un peto de unidad especial del
Arbites le llamaba a voces desde el otro lado del hangar donde
empezaban a acomodar a los heridos producidos en el transcurso de la
operación de asalto al mundo colmena sin nombre pronunciable que
giraba bajo ellos.
- ¿Si, soldado?
El guardia llegó jadeante
hasta su oficial superior, el cual lo observó de arriba abajo:
se había quitado la máscara y las gafas con evidente
alivio después de horas de uso, llevaba colgando de sus cinchas
además del equipo reglamentario, una escopeta del arbites, un
lanzagranadas también del cuerpo policial que presentaba
evidencias de haber sido usado de forma continuada, una pistola
automática muy ornamentada y su casco de reglamento que
había sido sustituido en su cabeza por uno de la unidad SWAT.
Los guantes grises del soldado tenían los dedos negros por los
restos de pólvora, y tanto el magnífico uniforme negro
del regimiento como la excelente armadura policial estaban tan
cubiertas de polvo y arañazos que no cabía duda de que
aquel guardia había recibido también su cuota de miedo y
heroísmo a la fuerza.
-
¡Señor...! –dijo el soldado
cuadrándose- se presenta el guardia Gianni D´anzio;
2ª compañía, primer pelotón 3ª escuadra
1ª subescuadra.
Denz pensó un momento
antes de caer en la cuenta de que le sonaba aquello: la 3ª
escuadra era de las primeras de la lista de bajas letales.
-
Señor, verá.... mi escuadra... bueno, me
perdí a causa de una explosión y la última vez que
los vi estaban en una situación muy comprometida. Luego
volví a encontrar a uno de mis compañeros con su arma
agotada y muerto de miedo. Creo... creo que están todos muertos,
señor, y yo... bueno, no sé a quien debo dirigirme, ya
sabe, la reasignación de los supervivientes y todo eso...
- Era la escuadra del sargento Tacker, ¿no?
- Si señor.
- Lo siento
hijo –dijo el coronel bajando la vista hacia su cuaderno- salvo
usted y otros dos que constan como desaparecidos, todos los
demás son bajas confirmadas.
Gianni oscureció sus ojos.
- ¿El soldado Fayers es uno de los otros desaparecidos?
- Si, así consta aquí.
- Pues cámbielo, también esta muerto.
- ¿En
que circunstancias? –Denz hizo una visible mueca de disgusto
mientras tachaba al soldado. Cada vez que hacía eso se
sentía un poco asesino de la victima.-
- En la
comisaría central, asesinado por el mismo monstruo que
mató al resto de mi escuadra, señor.
-
¿Usted lo vio? –inquirió Denz
dirigiéndose al rostro de ira contenida de su hombre-
- Si señor. ¡Lo vi!... ¡morir!
- ¿Soldado?
- Esta todo en el informe que he presentado en munitorum.
-
Cuéntemelo de todas formas. Las suyas son las primeras
noticias que me llegan de que ese ser haya desaparecido ya.
Gianni suspiró y luego se sentó en un cajón de munición para recapitular su horrible aventura:
- Me
perdí de mi pelotón cuando esa cosa atacó y
bloqueó el túnel con su lanzamisiles. Yo quedé al
otro lado y pensé que lo más útil que podía
hacer era buscar a las autoridades locales –si es que
seguía habiendo alguna- y pedirles apoyo. Consultando el mapa me
enteré de donde estaba la comisaría central y fui hacia
allá esperando al menos encontrar a los arbites resistiendo
contra esos zombies, como en Voguen... pero solo encontré
cadáveres y restos de una lucha titánica. Las barricadas
habían sido superadas y estaban cubiertas de zombies
destrozados; los lanzallamas de los tanques estaban vacíos, las
ametralladoras o se habían recalentado o se habían
quedado sin munición, los arbites formaban un sendero de muertos
hasta el edificio y luego por dentro de él. Había
barricadas montadas a la desesperada con ficheros, ordenadores,
taquillas, ¡todo!.
- Continúe.
- Gracias.
Allí encontré a Fayers. Estaba aterrorizado, tuve que
pegarle para que reaccionara. Había vaciado los cargadores de
sus armas y se había quedado sin granadas. Le di una pistola que
había podido recuperar y nos disponíamos a buscar
un camino al punto de extracción cuando volvió a aparecer
la cosa de antes. Cogió a Fayers y lo atravesó con un
tentáculo supurante; yo no tenía ningún arma capaz
de hacerse cargo de la situación, así que trepé
hasta el piso superior antes de que el bicho se diera cuenta de que yo
había desaparecido. Arriba había una barricada muy
sólida que aquel bicho tardaría en rebasar, así
que me puse a buscar una salida y encontré el despacho del juez.
Una sección de pared estaba descorrida y daba acceso a unos
túneles.
Me adentré en ellos y
pude ver que eran instalaciones científicas, de genética,
creo. El lugar estaba sin duda contaminado por el enemigo,
señor: Todo el personal estaba muerto, y algunos se
habían vuelto zombies, pero eran pocos y pude dar cuenta de
ellos con el lanzagranadas que encontré en la sección de
la unidad especial del arbites.
- Donde también consiguió esa armadura.
- Exacto.
También llevaba encima explosivos potentes que encontré
en el almacén de material requisado, plástico para
demoliciones. Pero como le decía, estaba claro que allí
se llevaban a cabo experimentos prohibidos; había tubos con
zombies de esos en éxtasis, y había informes en las mesas
según los cuales habían infectado deliberadamente a gente
sana para descubrir los efectos del virus, también había
referencias a sobornos al juez para evitar problemas, y a los efectos
que se observaban. Como es natural me asusté, y sin dejar de
vigilar mi espalda puse explosivos en todas partes, incluido un reactor
de energía que alimentaba los sistemas principales. Cuando
salí me di cuenta de que el ser había rebasado la
barricada y había entrado en el complejo. Me invadió un
terror absoluto, señor. Perdóneme, pero me entró
el pánico. Oí un gruñido lejos a mis espaldas,
así que, completamente histérico, me di la vuelta,
disparé varias granadas para bloquear el pasillo, pero le di
directamente el bicho. De algún modo le hice bastantes agujeros
lo bastante grandes y sus restos cayeron al suelo haciendo espasmos,
pero yo seguía muerto de miedo, así que salí,
cerré la puerta del despacho del juez con una llave
magnética que encontré sobre la mesa y corrí a
salir por una ventana mientras activaba el detonador. La
comisaría voló junto con el laboratorio y yo
escapé por un conducto de evacuación de deshechos seco a
las afueras, donde me recogió un equipo de servidores de la
armada que es el que me ha traído hasta aquí.
- Es-es...
–Denz no sabía que decir, según el servidor
detecta-mentiras que le acompañaba, aquel hombre decía la
verdad, con los niveles de falsedad en la voz que eran de esperar en
alguien que había pasado tanto-
- Según
he llegado he venido a buscarle para que conste en la lista que estoy
vivo, porque como no me presenté en los puntos de
extracción... además de arreglar el papeleo
rápidamente, señor, porque lo cierto es que necesito
dormir y mis cosas siguen en el barracón de la escuadra.
- Esto...-Denz
pensaba a marchas forzadas, debía pensar si premiaba a aquel
muchacho o iniciaba una inspección más minuciosa, pero le
daba pena tenerlo despierto con lo que había pasado- Mire, lo
que voy a hacer es arreglar ese papeleo, y mientras tanto, usted vuelva
a su barracón y duerma.
- Con todo el respeto, señor, pero no.
- ¿¡Que... que no!? –Denz no cabía en si de asombro-
- No me
interprete mal, señor, pero ya no podré dormir en ese
barracón. No puedo dormir cuando hay nueve fantasmas tratando de
hacer lo mismo ami alrededor entre aullidos de dolor .